La Estigmatización de un Orador

Miedo Oratorio:  la Traición de los Nervios

Aprendí de mis maestros que tres pueden ser las reacciones del público luego de asistir a una presentación nuestra.  De desagrado, neutra o agrado.  ¿Cuál preferís?  Obviamente que la tercera.  Siempre queremos agradar a nuestro púbico.  Que salgan todos conformes.  Pero no esperes la ovación, conformate con que salgan de la sala PENSANDO y repitiendo la consigna o tu llamado a la acción.  Pero un día descubrí que que existía una cuarta reacción posible. Una reacción que va más allá del simple desagrado o indiferencia de la audiencia hacia el disertante, es una reacción que muchas veces puede estigmatizar (1) al orador para el resto de su vida.  Lo etiqueta para siempre. Lo marca.  ¿Sabés cuál es ese sentimiento estigmatizante?  LÁSTIMA, que tu público sienta lástima por vos; por algo que mostraste o hiciste durante tu disertación.  Cuando el público empieza a tener pensamientos tales como -“Pobre tipo, bájenlo de ahí porque no sabe lo que está diciendo” la situación es GRAVE.

En 2007 tuvo lugar en los Estados Unidos un tradicional concurso de belleza (que no comparto, porque la belleza corporal no es un valor en sí mismo).  En las instancias finales -con el fin de conocerlas mejpr- se procedió a entrevistar a las postulantes. Las preguntas y entrevistadores se eligieron por sorteo y a la Miss (Señorita) Carolina del Sur le tocó responder a “¿por qué muchos norteamericanos no podían encontrar a su país en un mapa?”  En ese momento comenzó el Calvario de la adolescente. Un Calvario que la marcó para siempre y se convirtió en blanco de bromas, críticas y afrentas de distinto tipo.  Nadie en su sano juicio puede jamás responder como lo hizo Miss South Carolina.  Peo no es culpable.  El tan temido miedo oratorio puso su mente en blanco. Luego, sin saber lo que estaba haciendo, en piloto automático, comenzó a esbozar frases sin sentido, un verdadero galimatías (lenguaje confuso) porque su cerebro le decía que estaba ante las cámaras y debía decir “algo”.  pero en realidad nada dijo.  Nada coherente y relacionado con la pregunta.

Cuando le preguntaron “¿por qué muchos norteamericanos no podían encontrar a su país en un mapa?”, ésta fue su respuesta: “Personalmente pienso que los estadounidenses son incapaces de hacerlo, entonces, porque eh, mucha, eh, gente por aquí en nuestra nación no tiene mapas y pienso que nuestra edu, educación, tal como Sudáfrica e Irak como en todos lados, tales como, y creo que elles deberían, nuestra educación de acá en Los Estados Unidos debería, eh, ayudar a los Estados Unidos, eh, o ayudar a Sudáfrica y “al” Irak y a los países asiáticos, por lo que debemos ser capaces de construir nuestro futuro para nosotros”.
Me sigo preguntando “¿por qué muchos norteamericanos no podían encontrar a su país en un mapa?”. ¿Qué nos quiso decir? No lo sé, pero estoy persuadido de que “la traición de los nervios”, cuando menos lo esperamos, nos puede jugar una mala pasada.

Aclaro que discrepo con el título del video cuando la tratan de “burra”.  En una entrevista posterior, la mujer aclaró que se obnubiló completamente y por esa razón comenzó a pronunciar palabras sin sentido en modo “piloto automático”.  Es muy común que eso ocurra cuando nos invaden los nervios y blanquean nuestra mente.  Existen técnicas para superar momento similares.

Hasta nuestro próximo blog. Ricky Funes

(1)  estigmatizar. verbo.
Del lat. mediev. stigmatizare, y este del gr. στιγματίζειν stigmatízein; cf. estigma.
1. tr. Marcar a alguien con hierro candente.
2. tr. Imprimir milagrosamente a alguien las llagas de Cristo.
3. tr. Afrentar, infamar.